Una ficha técnica de gráfica está ordenada por impacto comercial, no por utilidad. Merece la pena saber qué mirar primero.
Capacidad de memoria: un umbral, no una escala
La capacidad de memoria funciona como una puerta. Por debajo de lo que tu carga necesita, el rendimiento se desploma; por encima, seguir sumando no aporta nada. No es una escala donde más siempre sea mejor, y por eso comparar dos tarjetas solo por sus gigabytes lleva a conclusiones equivocadas con frecuencia.
Ancho de banda: el número que casi nadie mira
El ancho de banda de memoria describe la velocidad a la que la tarjeta mueve datos. En cargas de IA es prácticamente el factor determinante de la velocidad de generación. En juegos importa más a medida que sube la resolución. Suele estar más abajo en la ficha que el tamaño de la memoria, y predice bastante más.
Frecuencias: comparables solo dentro de la misma arquitectura
Comparar megahercios entre generaciones o entre fabricantes distintos no significa nada. El trabajo que hace la tarjeta por ciclo cambia con la arquitectura, así que una cifra menor en un diseño más nuevo puede rendir bastante más.
Consumo: una restricción, no un defecto
El consumo declarado condiciona tu fuente y tu refrigeración, y es un dato que hay que llevarse a la decisión de compra desde el principio, no descubrirlo después. Conviene contrastarlo con lo que puede entregar tu fuente actual — la calculadora lo resuelve en un minuto — porque es la restricción que más veces obliga a comprar dos piezas en vez de una.
Lo que la ficha no dice
Nada sobre el ruido bajo carga, nada sobre el comportamiento térmico del diseño concreto del fabricante, y nada sobre el estado del software. Son tres cosas que afectan al uso diario más que varias de las cifras impresas.


