El 18 de abril de 2026, usuarios de Gemini en Android se encontraron con que la aplicación había perdido funciones que llevaban semanas usando. No era una desinstalación ni un problema de cuenta: la app había retrocedido sola.

Qué desapareció

El fallo llegó con la versión 17.14 de la aplicación de Google, tanto en el canal estable como en el beta, y se llevó por delante varias cosas concretas.

La posibilidad de subir cuadernos de NotebookLM desde el menú «+» del cuadro de texto. El botón de chat temporal, que estaba en la esquina superior derecha. Y la opción de importar memoria a Gemini, en el menú de perfil.

La interfaz también rodó hacia atrás: el cuadro de texto volvió del diseño en lista a las píldoras en paralelo, el fondo negro regresó al gris anterior, las píldoras de sugerencias perdieron su contorno, el efecto de brillo a pantalla completa desapareció y la superposición sobre Android recuperó su diseño previo, con acceso limitado al menú de herramientas.

Qué se podía hacer

Poco. Al tratarse de una regresión en el cliente combinada con la configuración que entrega el servidor, no había ajuste ni reinstalación que lo revirtiera. El único camino practicable era usar la versión web en gemini.google.com, donde las funciones seguían disponibles, y esperar a que Google corrigiera la entrega.

No fue un caso aislado

Aquel abril fue malo para la aplicación. Seis días después, el 24 de abril, apareció otro fallo por el que los coches con Gemini para Android Auto revertían al Asistente de Google antiguo tras actualizar. En junio llegó un tercero que impedía hacer llamadas por voz, tanto en Android Auto como en el teléfono, y que Google acabó corrigiendo. En agosto, una regresión que provocaba cierres inesperados se resolvió en la versión 1.2026.3170610, y la nota media de la app subió más de un punto entero, de 3,12 a 4,20, en cuanto se arregló.

Lo que esto dice de fondo

La lección no es sobre Gemini. Es sobre qué significa que una herramienta viva íntegramente en el servidor de otro: las funciones pueden desaparecer sin que hayas actualizado nada, sin aviso y sin opción de volver a la versión anterior. Un programa instalado se puede congelar en una versión que funciona; un servicio, no.

Es la misma razón por la que a mucha gente le compensa ejecutar modelos de lenguaje en su propio equipo, al menos para lo que usa a diario. Tiene un coste en hardware que conviene calcular antes de romantizarlo: la calculadora de VRAM dice qué tarjeta necesita cada tamaño de modelo, y la estimación de rendimiento de inferencia, a qué velocidad va a responder de verdad.