El número impreso en una fuente es su salida sostenida: lo que puede entregar de forma continua sin apagarse. No es lo que consume tu equipo, ni es una nota de calidad. Dos unidades de 750 W pueden comportarse de forma muy distinta bajo la misma carga.
Tu necesidad real es la suma de lo que tira cada pieza a pleno rendimiento. En la práctica, la tarjeta gráfica y el procesador se llevan la abrumadora mayoría; almacenamiento, ventiladores y memoria son errores de redondeo al lado. Por eso la forma honesta de dimensionar una fuente es sumar los componentes reales en vez de echar mano de un número redondo.
La cuestión del margen
Hacer funcionar una fuente al 100% de su capacidad es legítimo pero poco sensato. La eficiencia alcanza su pico cerca de la mitad de la carga, los ventiladores se mantienen más silenciosos con margen, y los condensadores envejecen más rápido bajo tensión constante. Dejar un margen apreciable por encima del consumo medido es el consejo habitual: lo suficiente para que la unidad pase su vida en su banda cómoda y no al borde.
El margen también te paga la siguiente mejora. Cambiar la gráfica es el cambio más habitual, y es justo el que más probablemente empuja a una fuente justa por encima de su límite.
Suma tus componentes en la calculadora de fuentes y obtienes una cifra basada en tu equipo real en vez de una estimación.