Las diferencias técnicas entre DDR4 y DDR5 llevan años estables y están explicadas pieza por pieza en nuestra comparativa cara a cara: más ancho de banda, latencia real casi idéntica, más capacidad por módulo. Nada de eso se ha movido en 2026.

Lo que se ha movido es el precio. Y se ha movido tanto que la pregunta de «qué memoria compro» ha dejado de ser una decisión técnica para convertirse en una decisión de presupuesto.

Los números, con fecha

A agosto de 2026, DDR5 cotizaba en torno al 486% de su precio base de julio de 2025: casi cinco veces en poco más de un año. DDR4, que ya estaba en fin de vida y debería haber ido bajando, subió entre un 120% y un 180% según el módulo. Un kit de 64 GB de DDR5 se fue por encima de los 1.100 dólares.

Conviene leer esas cifras con la fecha puesta. Son un momento del mercado, no una constante, y ese es el motivo por el que este artículo las data en lugar de presentarlas como «el precio de la RAM».

Por qué sube: no es un cuello de botella, es una decisión

La tentación es leerlo como una escasez pasajera de las que se corrigen solas. No lo es. Los fabricantes están reasignando capacidad de obleas desde la DRAM de consumo hacia HBM, la memoria que consumen los aceleradores de IA, porque el margen es estructuralmente mayor y los contratos son a años vista.

Eso cambia el pronóstico. Un cuello de botella se resuelve cuando la fábrica se pone al día; una reasignación deliberada de capacidad se resuelve cuando alguien construye fábricas nuevas. Intel ha apuntado a 2028 antes de que la situación se normalice, y no es la única voz del sector que maneja ese horizonte.

Qué significa para una compra concreta

Si ya tienes una máquina AM4 o LGA1200

Tu argumento para quedarte acaba de reforzarse. La memoria que ya tienes montada es, ahora mismo, la más barata que vas a encontrar: cuesta cero. Mejorar alrededor de esa plataforma, con un procesador de segunda mano o una gráfica mejor, evita por completo la partida del presupuesto que se ha disparado.

Antes de decidir qué pieza mover, el detector de cuellos de botella te dice cuál es la que realmente te está limitando. Gastar en la otra es tirar dinero en el peor momento posible para hacerlo.

Si montas de cero

No hay decisión que tomar: toda plataforma actual de AMD e Intel es DDR5. La pregunta útil no es «DDR4 o DDR5», sino «cuánta DDR5». Y ahí el consejo sí ha cambiado de signo.

La costumbre de comprar de más por si acaso, 64 GB cuando sobran 32, era barata cuando la memoria era barata. Con los precios actuales, esos 32 GB extra pueden costar más que subir un escalón entero de tarjeta gráfica. Compra lo que la carga de trabajo pide hoy y deja las ranuras libres.

Si el uso incluye modelos de lenguaje locales

Es el único caso donde seguir comprando capacidad de más se justifica, porque ahí la memoria no es un lujo sino el límite duro de qué puedes ejecutar. Aun así conviene calcularlo antes: la calculadora de VRAM y la estimación de rendimiento de inferencia suelen enseñar que el cuello está en la gráfica, no en la RAM del sistema.

El veredicto

DDR5 sigue siendo la memoria mejor y sigue siendo la única opción en plataformas nuevas. Lo que ha cambiado es que ya no es una compra sin consecuencias: cada gigabyte de más compite directamente con la gráfica por el mismo presupuesto, y la gráfica sigue dando más fotogramas por euro que cualquier salto de memoria.

Si tu plataforma actual funciona, este es un año excelente para no cambiarla. Comprueba la combinación completa en el simulador antes de mover nada, y calcula la fuente sobre lo que realmente vayas a montar.